Deshacerte de la ropa. Quitar los peluches supervivientes al paso de los años. Apartar las mantas. Meterte dentro de la cama y sentir ese frió helador recorrer cada rincón de tú cuerpo descubierto. Cerrar los ojos y pensar en esa persona que te haga sentir un poco menos el frió helado de esa vacía cama.
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